El Síndrome de Estocolmo, de acuerdo con el psiquiatra Nils Bejerot, es el vínculo surgido entre una víctima y su agresor, donde la primera desarrolla una relación emocional o de complicidad con el segundo.

Es muy común en algunas mujeres víctimas de violencia familiar, pues a pesar del peligro que corren en manos de su agresor, se niegan a cualquier tipo de ayuda, no presentan cargos contra el agresor y, si lo hacen, se arrepienten e intentan “rescatarlo”.

¿CUALES SON LOS SÍNTOMAS?
Los síntomas del Síndrome de Estocolmo no están clínicamente definidos, pero en general quienes lo padecen manifiestan comportamientos y actitudes similares a las siguientes:

  • Tener sentimientos positivos hacia el agresor.
  • Mostrar sentimientos negativos hacia la familia, amigos o autoridades que le tratan de rescatar o ayudar a la víctima.
  • Justificar los motivos y comportamientos del agresor.
  • Mostrar conductas de apoyo hacia el agresor.
  • No involucrarse en conductas que pueden ayudar en su liberación o desprendimiento

¿CÓMO SE DESARROLLA?
Existen cuatro situaciones o condiciones que sirven como base para el desarrollo del Síndrome de Estocolmo:

  1. Percepción de amenaza a la supervivencia.
    El agresor amenaza física o psicológicamente la vida de sus amigos y familiares de la víctima y ella cree que llevará a cabo dicha amenaza.
  2. Percibir un poco de bondad del agresor hacia la víctima.
    En situaciones de peligro y de supervivencia buscamos una pequeña señal de que la situación puede mejorar. Cuando el agresor muestra a la víctima algún gesto de bondad, ésta interpreta el hecho como un rasgo positivo y piensa que éste puede controlar su comportamiento, lo cual fortalece el Síndrome de Estocolmo.
  3. Aislamiento de perspectivas distintas a las del abusador
    Cualquier individuo, grupo, situación, comentario, mirada casual, o una comida fría puede producir una rabieta por parte del agresor hacia la víctima.
    • Para sobrevivir, la víctima empieza a controlar las situaciones que “producen problemas”, lo cual incluye aislarse de la familia, amigos, compañeros de trabajo y cualquier persona que produzca un conflicto en su relación.
  4. Aparente incapacidad para escapar del agresor

Los agresores crean en las víctimas una “dependencia” de ellos, pues les controlan las finanzas al poner la casa o el automóvil a su nombre y eliminan todos los recursos que la víctima pueda utilizar para salir adelante sola, e incluso, utilizan amenazas que las hacen sentir mal.

¿Sufres del Síndrome de Estocolmo? Acércate con nosotros o con las dependencias correspondientes para brindarte la ayuda necesaria.