Algunos de los factores que inciden en la violencia contra las mujeres son el machismo y la desigualdad, los cuales a veces se originan desde la familia, por ello es importante impulsar nuevas dinámicas en los hogares.

La igualdad y no discriminación se construye desde la familia, donde las responsabilidades y beneficios son compartidos y equitativos, en beneficio de todas y todos sus integrantes. La igualdad y no discriminación se construye desde la familia, donde las responsabilidades y beneficios son compartidos y equitativos, en beneficio de todas y todos sus integrantes

 

 “La familia es analizada como ámbito para el ejercicio de derechos individuales, pero al mismo tiempo es el espacio en que interactúan miembros de poder desigual y asimétrico”: Irma Arriagada, Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

 

Desde antes de nacer, nuestra familia y la sociedad en general comienzan a formularse una serie de expectativas como el color con el que se nos vestirá, la decoración de las habitaciones, el tipo de juguetes con los que se nos permitirá jugar, así como los comportamientos y "reglas" que debemos seguir dependiendo de si somos niñas o niños.

 

Estos comportamientos y actitudes aprendidos durante nuestra infancia en el espacio familiar, refuerzan los roles de género que definen lo que es ser una mujer y un hombre, ejemplo de ello es que a los varones se les ha enseñado a no llorar ni mostrar debilidad, mientras que a las mujeres se les ha educado para realizar labores domésticas y ser serviciales.

 

Pero son estos roles y estereotipos de género los que generan conductas machistas de los varones hacia las mujeres, ya que se les educa con la idea de que las mujeres son el sexo “débil”, generando relaciones de superioridad, poder y control sobre ellas que, aunque a veces no son evidentes, repercuten en la forma en que mujeres y hombres se relacionan e interactúan entre sí.

 

Muestras sutiles de este machismo se manifiestan en la participación de horas dedicadas al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados, pues los hombres contribuyen con un 22.8%, mientras que las mujeres realizan el restante, 77.2% (INEGI, 2015).

 

 

FUENTE: Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres

 

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