Es evidente que en el mundo hay hombres y mujeres y que los sexos son dos. nacer sexuados es una cuestión humana tan obvia que se pasa por alto lo curioso que en realidad es este hecho en sí.

Niños y niñas, hombres y mujeres tenemos cuerpos biológicamente distintos. La diferencia más significativa está en nuestros genitales. Con estos cuerpos diferentes, sexuados en masculino y en femenino cada uno, las posibilidades de dar significados a esta diferencia sexual es infinita.

Social y culturalmente, desde el mismo momento en el que nacemos, a ambos sexos se nos atribuye un conjunto bien diferenciado de rasgos, roles, actitudes, espacios, creencias y expectativas de futuro. a esta construcción cultural la llamamos género y, en la mayoría de las ocasiones, limita las infinitas posibilidades de significación que tiene nuestro cuerpo sexuado en masculino o en femenino. 

Este conjunto de roles estereotipados que se nos asigna no son simples sugerencias, son mandatos; es decir, todos y todas vamos recibiendo mensajes más o menos claros de cómo tienen que ser los chicos y las chicas si no quieren recibir un castigo social en forma de insulto, rechazo, vacío, etc.

Las niñas y los niños van aprendiendo cómo “tiene que ser una mujer” o cómo “tiene que ser un hombre” a través de la observación y la imitación de las mujeres y los hombres adultos cercanos con los que tienen una relación de afecto. También a través de los medios de comunicación, el Profesorado, los juguetes, amigos y amigas de su edad que les rodean en el barrio y en la escuela, etc.

Esta especie de moldeado de género que comienza cuando nacemos no se queda solo ahí. la cultura en la que vivimos es, además, machista, es decir, todo lo asociado a lo femenino es considerado menos valioso que lo masculino. 

Como hemos visto hasta ahora, el reparto de rasgos, roles y expectativas estereotipadas limita la libertad de niños y niñas. además, el orden social que establece todo lo relacionado con lo masculino como la medida de todas las cosas, es decir, el machismo, supone no solo una limitación extra en la libertad de las niñas sino, además, el riesgo de sufrir algún tipo de violencia a lo largo de sus vidas.

 

PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES Y LAS NIÑAS DESDE LA FAMILIA

Primera edición: diciembre de 2012

CEaPa puerta del sol, 4 6º a 28013 Madrid