La familia es un ámbito educativo más, donde las niñas y los niños aprenden un conjunto importante de formas de relacionarse con la realidad, pues se impregnan y empapan mucho más de gestos, comentarios, actitudes, decisiones y reacciones cotidianas que de una charla con ellos.

En un entorno machista, al hombre se le enseña que debe ser valiente, fuerte, que no debe mostrar sus emociones y no debe ser vulnerable ante las personas pero, si llega a fallar en alguna de estas, sus acciones las llegan a considerar vergonzosas y débiles.

Esto es uno de los mitos que, aunque ha pasado el tiempo, no se ha podido derribar, los niños son educados en un ambiente machista, en el que no deben expresar fragilidad y miedos, en el que no deben mostrar sus debilidades, inseguridades, afectos, carencias, dudas emociones, incluso no sentirlas.

Les enseñan que los hombres deben expresar su fuerza, rabia e ira para la resolución de conflictos y en los procesos de comunicación humana originando, a la larga, un ambiente de violencia.

A las mujeres se les educa para que sepan que su cuerpo tiene límites antes las actividades físicas, por lo cual las mandan a cursos de danza, a convivir con la naturaleza, o algún taller en donde no se esfuercen y, si practican deporte, debe ser una disciplina que no sea tan agresiva.

Por ello, es importante que las familias trabajen en cambiar este entorno, que les enseñen que ambos cuerpos no tienen límites, que tanto hombres como mujeres pueden realizar las mismas actividades.

Que si un chico expresa sus sentimientos, no por eso va a ser una “niñita”, que la sexualidad no es algo contrario o alejado a mostrar los afectos y las emociones.

Eso los convierte en una familia más sabia y “a la moda”. 

 

Con información de la Prevención de la Violencia
contra las Mujeres y las Niñas desde la Familia.
Madrid, España. CEAPA.